Lewis Hamilton convirtió a su bulldog Roscoe en toda una celebridad del paddock. Las imágenes del perro campando libre por los muelles de Montecarlo se hicieron virales, y su perfil de Instagram alcanzó 1,3 millones de seguidores, generando incluso ingresos diarios estimados en 700 euros.

El vínculo entre piloto y mascota era tan profundo que Hamilton llegó a perderse pruebas de neumáticos en Mugello para estar junto a él. Tras su fallecimiento, Lewis expresó su dolor con palabras que reflejan la intensidad de su conexión: “Tras cuatro días en cuidados intensivos… tuve que tomar la decisión más difícil de mi vida y despedirme de Roscoe. Guardaré para siempre los recuerdos que creamos juntos.”

El impacto mediático fue global: Ferrari, McLaren, Mercedes y la FIA compartieron mensajes de apoyo. La pérdida de Roscoe trascendió lo personal y se convirtió en un fenómeno colectivo, demostrando cómo el amor por una mascota puede conmover incluso al mundo del deporte motor.

Se espera que Hamilton llegue especialmente motivado al GP de Singapur, recordando que del dolor también puede nacer fuerza y concentración. Roscoe no fue solo un perro; fue un ángel del paddock que dejó huella en todos.