Aunque Max Verstappen ya zanjó los rumores sobre su futuro inmediato asegurando que está dispuesto a entrar en “una fase de reconstrucción” con Red Bull, en Milton Keynes son conscientes de los retos que se vienen. El contrato lo ata hasta 2028, pero la permanencia del cuádruple campeón dependerá en gran parte del nivel competitivo del equipo y de cómo enfrenten el próximo cambio reglamentario.

Helmut Marko mantiene su postura: la única manera de retener a Verstappen es darle un monoplaza ganador. “Por sus declaraciones estaba claro que quería quedarse, y tiene sentido, aunque la cláusula de salida podía activarse”, comentó en el pódcast de F1-Insider. “Nadie sabe cómo estará todo en 2026. Mercedes presume de ventaja en motores, pero no hay pruebas; en chasis tampoco hay certezas. Con tanta incertidumbre, lo lógico es quedarse, ver cómo evoluciona, y si el próximo año no somos competitivos, quizá replantearse la decisión”.

Marko insiste en que Max es pieza fundamental del proyecto: “Ha logrado todos sus éxitos con Red Bull, solo ha corrido con nuestros coches y, más allá de su talento al volante, es un miembro esencial de nuestra familia”.

El dilema del segundo asiento

Con Verstappen asegurado, la gran incógnita pasa al segundo asiento. Yuki Tsunoda ocupa hoy ese lugar, pero atraviesa dificultades similares a las que ya vivieron Sergio Pérez y Liam Lawson. Según Marko, por ahora “todo está abierto”.

“Tradicionalmente evaluamos a los pilotos después del parón veraniego, y será entonces cuando definamos la plantilla para el próximo año, quizá incluso un poco más adelante”, explicó. “Por ahora no hay decisión ni a favor ni en contra de nadie”.

La elección se tomará junto con Laurent Mekies, quien el mes pasado reemplazó a Christian Horner en la dirección del equipo. Sobre él, Marko destacó: “Está concentrado en lo importante: el rendimiento y el liderazgo. Es alguien con los pies en la tierra, y eso se notó en las conversaciones con los pilotos, mucho más centradas en los detalles técnicos esta vez”.