Max Verstappen ha pedido que la Fórmula 1 recupere el estilo de coches que se utilizaban entre finales de los 2000 y principios de 2010, justo cuando el campeonato se prepara para estrenar una nueva era reglamentaria en 2026.

La próxima temporada traerá monoplazas más pequeños, aerodinámica activa y motores híbridos con una división 50/50 entre combustión y energía eléctrica. Todo ello busca contrarrestar el aumento de tamaño y peso que han sufrido los coches en la última década, lo que ha dificultado los adelantamientos y reducido la emoción en pista.

Verstappen recordó que hace unos 15 años los V8 atmosféricos ofrecían un espectáculo más puro, con coches hasta 180 kilos más ligeros:

“Lo más importante son coches más ligeros, más pequeños. Pero eso sólo será posible si se modifican las reglas de motores. Hoy son muy eficientes, pero también muy grandes, y eso obliga a alargar el coche y a usar más refrigeración”.

El neerlandés señaló que un diseño similar al de la era 2010 “ayudaría a las carreras”, aunque admitió que no está en sus manos decidir.

El reto para Red Bull será doble: estrenará su propio motor tras años de depender de Honda y, antes, de Renault, Ferrari y Cosworth. Con rumores que colocan a Mercedes como favorito en la nueva normativa, Verstappen prefirió no lanzar expectativas:

“Es un gran signo de interrogación. Nadie puede asegurar ahora que será muy, muy bueno. Nuestro desafío es enorme, pero también emocionante. Al menos tendremos el control de nuestro propio motor”.

El campeón añadió que las primeras carreras de 2026 serán cruciales:

“Integrar motor, chasis y rendimiento general será un gran reto para todos. Ojalá podamos ver carreras muy interesantes”.