En el Circuito Internacional de Lusail, Max Verstappen comenzó sólido en los dos primeros cortes de la clasificación al sprint, marcando el mejor tiempo en la SQ1 y finalizando tercero en la SQ2. Sin embargo, desde ese momento dejó ver su inconformidad con el equilibrio del Red Bull RB21, pues el auto mostraba un rebote constante que complicaba cada vuelta.
La situación empeoró en la SQ3, cuando ya con neumáticos blandos solo pudo completar una vuelta lanzada tras irse largo en la curva cuatro. Aunque esa última tanda pareció correcta desde afuera, el resultado final fue apenas un sexto puesto, por detrás de su compañero Yuki Tsunoda, quien por primera vez lo superó en un duelo clasificatorio.
“Desde la primera vuelta no iba bien”, explicó Verstappen, que partirá sexto en un sprint por segunda carrera consecutiva. “Mucho rebote, un subviraje muy agresivo que luego se convertía en sobreviraje en curvas rápidas. Así es imposible ser rápido”.
Al tratarse de una sesión con reglajes congelados desde la práctica libre, el neerlandés sabía que no podía ajustar demasiado:
“Estás limitado y tratamos de modificar algunas cosas desde el volante, pero no funcionó. Lo hizo todo muy difícil”.
Verstappen no detalló qué cambios específicos se hicieron en la puesta a punto después del único entrenamiento, pero sí fue claro en una cosa:
“Obviamente no funcionó en la clasificación. Tenemos que entender qué pasó”.
Aun así, el sexto puesto le da opciones de sumar puntos y mantenerse en la lucha por el título, que Lando Norris podría asegurar el domingo si las combinaciones le favorecen. Verstappen, por su parte, ya piensa más en la clasificación y en el Gran Premio que en el propio sprint.
“Con este equilibrio el sprint no será divertido. Se tratará de sobrevivir y luego hacer cambios para la clasificación”.







