El Gran Premio de Bélgica dejó al descubierto los graves problemas de rendimiento que atraviesa Mercedes. Aunque George Russell logró un meritorio sexto puesto en Spa-Francorchamps, el resultado no oculta la realidad: el equipo de la estrella plateada está perdiendo terreno de manera alarmante.

Un declive preocupante

Tras un inicio de temporada prometedor, con cuatro podios para Russell en las primeras seis carreras y un segundo lugar en el campeonato de constructores, Mercedes ha visto cómo su rendimiento se desploma. Ni siquiera la victoria en Canadá, donde el W16 mostró su mejor versión, logró revertir la tendencia.

En Spa, las críticas al coche fueron evidentes: inestabilidad en el tren trasero, falta de equilibrio aerodinámico y dificultades en curvas rápidas, un terreno donde antes destacaban. “El rendimiento fue muy decepcionante. Estas condiciones deberían ser ideales para nosotros, pero fue nuestra peor carrera del año”, admitió Russell.

La búsqueda de soluciones

El equipo convocó una reunión de emergencia en su sede de Brackley para analizar las causas del retroceso. Andrew Shovlin, director de ingeniería, señaló que algunas actualizaciones recientes podrían haber empeorado el equilibrio del coche.

Entre los factores clave está la directiva de la FIA sobre los alerones delanteros flexibles, implementada a partir del GP de España. Russell sugirió que este cambio afectó profundamente el comportamiento del W16: “Tomamos una dirección diferente después de esa carrera y claramente hemos dado un paso atrás”.

¿Qué viene ahora?

Mercedes evalúa retroceder en algunas actualizaciones para recuperar estabilidad. Shovlin no descarta ajustes para el GP de Hungría, pero los cambios más significativos probablemente llegarán después del parón veraniego.

Mientras tanto, el equipo lucha por mantenerse relevante en una temporada donde Red Bull, McLaren y Ferrari siguen marcando el ritmo. La pregunta ahora es si podrán corregir el rumbo antes de que sea demasiado tarde.