Lewis Hamilton mostró un cambio radical de actitud en 24 horas en Monza. El sábado, en clasificación, estaba concentrado y discreto con sus cascos inalámbricos; el domingo, tras asegurar un sexto puesto, lució una expresión más relajada y confiada frente a los tifosi de Ferrari.

Sainz y Alonso no sumaron puntos y enfrentaron varios problemas. Hamilton, sin embargo, se sintió cómodo: “El coche fue genial, los adelantamientos salieron perfectos. Tras la penalización, volver a la sexta posición fue un logro”. Aunque lejos de pelear por el podio, su desempeño fue sólido.

Incluso batió un récord curioso: adelantó a Bortoleto a 363 km/h con DRS, un detalle anecdótico frente a los históricos 378 km/h de Bottas o los 400 km/h de un Honda V10 en test privado.

Ahora, con más confianza y comodidad, Hamilton mira hacia Bakú con esperanza, frente a rivales como Verstappen y otros Ferrari. Moralmente está más fuerte, sin autoflagelarse como en Budapest o Holanda, consciente de sus dificultades con los coches de efecto suelo y de sus limitaciones en esta nueva etapa. Aunque todavía no sube al podio, muestra un Hamilton más seguro y adaptado a Ferrari.