La mañana en Spa-Francorchamps llegó con intensos chubascos, evocando recuerdos del caótico Gran Premio de 2021, cuando la carrera se redujo a apenas dos vueltas tras el safety car. Esta vez, aunque se evitó un escenario similar, el espectáculo distó de ser memorable. A pesar de contar con un circuito emblemático, una parrilla competitiva y condiciones cambiantes, una salida tardía y decisiones controvertidas dejaron un sabor agridulce.

Opiniones divididas en el paddock

Carlos Sainz defendió el criterio de la dirección de carrera, argumentando que en Spa —dada su historia reciente— más vale “prevenir que curar”. Frederic Vasseur, jefe de Ferrari, coincidió, señalando que cualquier error habría sido criticado con dureza. Sin embargo, Red Bull mostró su descontento: Helmut Marko sugirió que con otro enfoque, su equipo habría ajustado mejor el coche, mientras que Max Verstappen tachó la demora de “inútil”, insistiendo en que los pilotos podían adaptarse a la baja visibilidad.

La visibilidad, el gran obstáculo

Según fuentes de Motorsport.com, la FIA buscaba iniciar la carrera a las 15:00 con una vuelta de calentamiento tras el safety car, pero los pilotos reportaron problemas de visibilidad. Solo Verstappen y Alexander Albon presionaron para empezar, creyendo que unas vueltas de adaptación serían suficientes. La mayoría, sin embargo, apoyó la bandera roja.

La FIA evaluó reanudar en 5-10 minutos, pero el pronóstico de más lluvia lo descartó. Además, surgió confusión sobre el cronómetro de las tres horas: ¿debía empezar con la salida del safety car a las 15:00? McLaren y Haas interpretaron el reglamento de forma opuesta, aunque la FIA aclaró que el tiempo solo corría en caso de interrupción, no al inicio.

Retrasos y decisiones técnicas

Tras la pausa, la lluvia persistió media hora. A las 16:00, el coche médico reportó agua estancada, lo que retrasó la reanudación hasta las 16:20. Incluso entonces, la FIA optó por dos vueltas adicionales tras el safety car, ya que el spray en la recta Kemmel y Raidillon —un punto crítico— seguía siendo un riesgo.

Otro debate fue la salida: ¿parada o rodando? Aunque las condiciones parecían adecuadas, la FIA detectó desniveles en la parrilla, con un lado más mojado que otro, lo que habría perjudicado a varios pilotos. Finalmente, la salida rodada frustró las expectativas de una carrera emocionante bajo la lluvia.

Un problema estructural

El incidente evidenció los desafíos de la F1 en mojado: los neumáticos de lluvia de Pirelli aún no convencen, y el spray limita la visibilidad. Spa, con su historial de condiciones extremas, exacerbó la situación. Mientras la FIA priorizó la seguridad, algunos equipos criticaron el exceso de cautela.

Verstappen resumió el sentir de muchos: “Así nunca tendremos clásicas carreras bajo lluvia”. El equilibrio entre espectáculo y seguridad sigue siendo el gran dilema.