Por Dr. Eduardo Tovar Martínez
El piloto pisa el acelerador, la batería puede tener energía y el motor eléctrico está preparado para entregarla. Sin embargo, falta algo que ningún mecánico puede ajustar desde el garaje: la autorización para utilizar un modo de rendimiento.
Eso ocurrió durante la clasificación sprint del Gran Premio de Singapur de 2026. Tras la bandera roja provocada por el incidente de Sergio Pérez, el Overtake Mode quedó deshabilitado por un error humano en Control de Carrera. Cuando se detectó el problema, fue habilitado durante 27 segundos y después desactivado nuevamente. La FIA reconoció que algunos coches resultaron afectados según el momento de su vuelta y su posición en el circuito.
¿Cómo puede una decisión fuera del automóvil cambiar lo que ocurre al pisar el acelerador?
La autorización también forma parte del rendimiento
En un Fórmula 1 moderno, la capacidad física del sistema híbrido y lo que está autorizado a entregar son cosas distintas.
El Overtake Mode modifica el perfil permitido de entrega eléctrica y contempla hasta 0.5 MJ adicionales de recuperación de energía por vuelta. Su ventaja consiste en poder sostener una mayor aportación eléctrica a velocidades donde el perfil normal impone restricciones. Habilitarlo no introduce energía mágicamente en la batería: amplía las posibilidades de aprovechar el sistema híbrido.
Además, su funcionamiento depende de la sesión. En carrera, el acceso está condicionado por la proximidad a otro coche; en clasificación, está disponible para todos mientras el sistema permanezca habilitado. El reglamento exige que la autorización llegue mediante la electrónica de control. El piloto no puede sustituirla simplemente pulsando un botón.
Así, un automóvil puede conservar sus componentes y su capacidad mecánica, pero competir con un margen de rendimiento diferente.
¿Por qué 27 segundos no valen lo mismo para todos?
Imaginemos que la habilitación coincide con un piloto acelerando por una recta y con otro frenando para una curva. Aunque ambos reciban la misma autorización durante el mismo intervalo, la oportunidad de aprovecharla será distinta.
Esa es la clave: el beneficio depende de dónde aparece la disponibilidad y de cómo encaja con la estrategia energética de cada vuelta.
Los equipos planifican dónde recuperar energía y dónde gastarla. Si cambia inesperadamente el perfil disponible, también cambia la aceleración que podían esperar en determinados sectores. Restablecer el modo durante unos segundos no devuelve automáticamente condiciones equivalentes a quienes ya completaron su intento.
Para calcular cuánto perdió cada piloto harían falta datos de velocidad, entrega eléctrica, estado de carga y momentos de habilitación. La duración del error, por sí sola, no permite convertirlo en una penalización uniforme de tiempo.
La ingeniería detrás del error humano
Desde la ingeniería de sistemas, el incidente plantea una pregunta más interesante que quién olvidó activar una función: ¿qué verificaciones deberían detectar una discrepancia entre la sesión reanudada y el modo de rendimiento disponible?
Una comprobación de estados, una alerta o una confirmación adicional serían posibles barreras frente a esa omisión. Son medidas que habría que evaluar; la información pública no permite saber cuáles existían ni por qué no evitaron el incidente.
Singapur dejó una lección incómoda: la fiabilidad de un Fórmula 1 también depende de los procedimientos y las señales que conectan al coche con quienes administran la competencia.
A veces, el límite de rendimiento está lejos del motor.
Bajo el alerón: la ciencia y la ingeniería detrás del automovilismo.







