Sergio Pérez completó dos días de pruebas en el circuito Enzo y Dino Ferrari, manejando un Ferrari SF-23 que la Scuderia cedió a Cadillac como parte del programa TPC. El objetivo era doble: que el mexicano volviera a sentir un Fórmula 1 tras casi un año fuera de la categoría y que el nuevo personal de Cadillac trabajara por primera vez en condiciones reales de pista.

Aunque este tipo de test nunca refleja por completo el rendimiento de un auto de F1 —el acceso a datos es limitado y los monoplazas TPC operan con configuraciones restringidas—, las jornadas dejaron impresiones importantes sobre el estado de forma de Pérez.

Un regreso muy esperado

En México, la atención se centró en verlo nuevamente al volante de un F1, algo que no ocurría desde Abu Dhabi 2024, cuando Red Bull decidió terminar antes de tiempo su contrato. En Europa, el interés estaba en conocer su nivel tras casi un año de ausencia de las pistas.

¿Podía ser competitivo con un auto TPC?

El SF-23 utilizado estaba configurado bajo las normas TPC: motor limitado, sin paquete aerodinámico completo y neumáticos no oficiales. Aun así, miembros de Ferrari aseguraron que Checo se adaptó al ritmo de inmediato, como si no hubiera pasado tiempo fuera del coche.

A diferencia de otros pilotos que realizan extensas sesiones de simulador durante sus pausas, Pérez dedicó su tiempo al descanso y a su familia. Esta decisión se apoyó en un consejo que recibió al salir de Red Bull: no competir en otras categorías para no “reaprender” un estilo distinto de conducción.

“Lo ideal era mantener fresca la memoria del F1 y no incorporar nuevas referencias”, explicó el mexicano durante la presentación del proyecto Cadillac.

Los tiempos que entusiasmaron a Cadillac

Cadillac no publicó cronos oficiales, pero trascendió que el primer día Pérez marcó 1:17.7 y en la segunda jornada bajó a 1:16.5 en una simulación de clasificación. Si se compararan estrictamente con los tiempos del GP de Emilia Romagna 2025, quedarían fuera de Q1, pero las condiciones no son comparables: motor limitado, menos carga aerodinámica, neumáticos TPC y un piloto que llevaba casi un año sin competir.

Lo importante para Cadillac no fue la cifra, sino la consistencia en tandas largas, la resistencia física mostrada por Pérez y su capacidad para adaptarse rápido a ritmo de carrera.

Señales positivas rumbo a 2026

El test funcionó como un ensayo general para el debut de Cadillac en 2026. Aunque no permite evaluar rendimiento real, sí dejó tranquilidad: Pérez demostró estar en forma, listo para trabajar en el desarrollo del equipo y con la confianza recuperada.

De hecho, el mexicano declaró a Reuters que no descarta luchar por un podio en 2026, un mensaje mucho más optimista comparado con meses atrás, cuando hablaba de un reto “extremadamente complejo”.

Para Cadillac, el balance fue claro: contrataron a un piloto preparado, experimentado y todavía competitivo. Para Checo, fue la confirmación de que sigue teniendo las herramientas para mantenerse en la élite de la F1.