Max Verstappen volvió a demostrar que su talento no se limita a la Fórmula 1. El tricampeón del mundo se estrenó en un coche GT3 y lo hizo a lo grande: victoria en la 57ª edición del ADAC Barbarossapreis, disputada en el legendario Nürburgring-Nordschleife.
Haciendo equipo con el británico Chris Lulham y a bordo de un Ferrari 296 GT3 de Emil Frey Racing, Verstappen se impuso en la novena fecha de la Nürburgring Langstrecken-Serie. Fue apenas hace unas semanas cuando había obtenido su “Permiso A” para competir en la pista de 24.3 km, donde ya había rodado en mayo bajo el curioso seudónimo de Franz Hermann.
La clasificación no fue sencilla: niebla, pista húmeda y rivales fuertes. Aun así, el holandés marcó vueltas rápidas de inmediato y se metió en la pelea, aunque la pole quedó en manos de Christian Krognes con un Aston Martin.
Ya en carrera, Verstappen arrancó agresivo, se colocó al frente y empezó a abrir hueco. Su stint fue impecable, con vueltas constantes y un mejor tiempo de 7’51”514, muy cerca del récord oficial. Después dejó el volante a Lulham, quien completó sin errores las dos últimas horas de carrera.
Al final, el Ferrari #31 cruzó la meta con casi medio minuto de ventaja sobre el Ford Mustang de Stippler/Kolb, seguido del Mustang #9 de Scherer/Fetzer/Mardenborough.
El top 10 lo completaron Audi, Porsche y Lamborghini en distintas categorías, en una parrilla de más de 100 coches donde el ritmo y la resistencia lo eran todo.
Con esto, Verstappen suma una nueva conquista a su palmarés, ahora en uno de los escenarios más duros del automovilismo: el “Infierno Verde”.







