Max Verstappen restó dramatismo a la salida de Christian Horner de Red Bull, asegurando que su continuidad con el equipo no está ligada a esa decisión. El neerlandés habló por primera vez tras el sorpresivo movimiento, dejando claro que su foco está en el rendimiento del auto, no en los cambios en la cúpula.

“Las personas pueden tener diferencias, y eso es normal. Lo importante es que el coche sea competitivo. Eso es lo que me importa, no las decisiones directivas”, comentó Verstappen desde Spa-Francorchamps, sede del GP de Bélgica.

Horner, quien lideró a Red Bull durante dos décadas y cosechó ocho títulos de pilotos y seis de constructores, fue reemplazado por Laurent Mekies en medio de tensiones internas y una caída en el rendimiento. El cambio llega en un momento clave, con Red Bull desarrollando su propia unidad de potencia para 2026 y con el futuro de Verstappen aún con signos de pregunta.

Aunque su contrato va hasta 2028, existen cláusulas de salida, y en las últimas semanas su entorno ha sostenido conversaciones con Toto Wolff, jefe de Mercedes.

El tricampeón reconoció que fue informado de la salida de Horner medio día antes del anuncio oficial. “Tengo buena relación con los accionistas, así que me avisaron con tiempo. Ellos manejan el equipo, yo soy piloto. Lo acepto y sigo adelante”, explicó.

Sobre su nuevo jefe, Mekies, fue positivo: “Tiene buena energía, experiencia en muchas áreas del paddock, y está muy motivado. Me gusta esa actitud”.

Aunque evitó dar certezas sobre su permanencia, Verstappen cerró con ironía: “También existe la posibilidad de que no me despierte mañana, así que no habría conducción en absoluto”. Pero dejó en claro que su intención sigue siendo la misma: “Estoy feliz en Red Bull y la idea es seguir aquí hasta el final de mi carrera”.